On-line y NO-line
Hoy en día la brecha entre estar conectado y no conectado es muy difusa, ya que no solo depende de nosotros. Incluso cuando no estamos usando el móvil llevamos encendidos los datos o el wi-fi, y un whatsapp o un e-mail entrante nos pueden robar nuestra libertad involuntariamente.
Y es que ya ni siquiera se contempla la idea de no tener un teléfono móvil o redes sociales, estos forman parte de nuestra vida irremediablemente. La manera de relacionarnos, de estudiar, de trabajar, de disfrutar del ocio, etc. dependen en gran medida de nuestra conexión a la red. El que no está conectado está prácticamente solo, y la soledad es un sentimiento difícil de encarar.
Es por eso que, aunque nosotros tengamos la última palabra al elegir una vida con o sin conexión, en parte a regañadientes y en parte con cierto gusto abrazamos los "aparatitos" y les dedicamos una gran cantidad de nuestro tiempo.
Pero, con o sin estos aparatos, seguimos siendo los mismos, y a menudo nuestras mentes y nuestros cuerpos nos dicen basta en forma de ansiedades y estrés. Estar conectado 24/7 tiene un precio, y es por eso necesario tener la capacidad de, aunque sea por un momento, apagar el móvil y olvidar toda tu vida en la red. Yo por ejemplo, lo hago en las siguientes ocasiones:
- Antes de irme a la cama me gusta apagar todos los aparatos eléctricos y coger un libro. Me ayuda a desconectar de mi vida e irme a la cama con otras historias en la cabeza.
- Cuando toco o escucho música. La música siempre me ha ayudado a conectar con mi interior y por lo tanto me gusta entregarme a ella sin ninguna distracción ni compromiso externo.
- Cuando me voy a andar. Ya sea por la ciudad o por el monte, andar y respirar, ver y oler, absorber el mundo que te rodea, siempre te ayuda a recuperar una perspectiva más sana acerca de la vida.
En cambio, hay muchas las ocasiones en las que debo mantenerme conectado, por ejemplo:
- Cuando estoy trabajando, solo o en grupo, siempre debo tener el móvil a mi lado por si me surge una duda o por si alguien quiere preguntarme.
- Cuando como siempre tengo el móvil, el ipad o el ordenador cerca. Como siempre desayuno y como solo, y he estado acostumbrado a comer con gente, no soporto estar en silencio y necesito algo, aunque sea un distracción.
- En el transporte público también debo tener el móvil en la mano. Ya sea para escuchar música, hablar con alguien, consultar una red social u otra cosa, pero se me hace muy difícil estar sentado sin hacer nada. Además, en estos sitios mucha gente suele ir con el teléfono, y esto me incita aún más a coger el mío.
Lo peor de todo es que personalmente me doy cuenta de cómo me afecta el uso de los aparatos electrónicos, pero soy incapaz de dejarlos.
Hoy en día la brecha entre estar conectado y no conectado es muy difusa, ya que no solo depende de nosotros. Incluso cuando no estamos usando el móvil llevamos encendidos los datos o el wi-fi, y un whatsapp o un e-mail entrante nos pueden robar nuestra libertad involuntariamente.
Y es que ya ni siquiera se contempla la idea de no tener un teléfono móvil o redes sociales, estos forman parte de nuestra vida irremediablemente. La manera de relacionarnos, de estudiar, de trabajar, de disfrutar del ocio, etc. dependen en gran medida de nuestra conexión a la red. El que no está conectado está prácticamente solo, y la soledad es un sentimiento difícil de encarar.
Es por eso que, aunque nosotros tengamos la última palabra al elegir una vida con o sin conexión, en parte a regañadientes y en parte con cierto gusto abrazamos los "aparatitos" y les dedicamos una gran cantidad de nuestro tiempo.
Pero, con o sin estos aparatos, seguimos siendo los mismos, y a menudo nuestras mentes y nuestros cuerpos nos dicen basta en forma de ansiedades y estrés. Estar conectado 24/7 tiene un precio, y es por eso necesario tener la capacidad de, aunque sea por un momento, apagar el móvil y olvidar toda tu vida en la red. Yo por ejemplo, lo hago en las siguientes ocasiones:
- Antes de irme a la cama me gusta apagar todos los aparatos eléctricos y coger un libro. Me ayuda a desconectar de mi vida e irme a la cama con otras historias en la cabeza.
- Cuando toco o escucho música. La música siempre me ha ayudado a conectar con mi interior y por lo tanto me gusta entregarme a ella sin ninguna distracción ni compromiso externo.
- Cuando me voy a andar. Ya sea por la ciudad o por el monte, andar y respirar, ver y oler, absorber el mundo que te rodea, siempre te ayuda a recuperar una perspectiva más sana acerca de la vida.
En cambio, hay muchas las ocasiones en las que debo mantenerme conectado, por ejemplo:
- Cuando estoy trabajando, solo o en grupo, siempre debo tener el móvil a mi lado por si me surge una duda o por si alguien quiere preguntarme.
- Cuando como siempre tengo el móvil, el ipad o el ordenador cerca. Como siempre desayuno y como solo, y he estado acostumbrado a comer con gente, no soporto estar en silencio y necesito algo, aunque sea un distracción.
- En el transporte público también debo tener el móvil en la mano. Ya sea para escuchar música, hablar con alguien, consultar una red social u otra cosa, pero se me hace muy difícil estar sentado sin hacer nada. Además, en estos sitios mucha gente suele ir con el teléfono, y esto me incita aún más a coger el mío.
Lo peor de todo es que personalmente me doy cuenta de cómo me afecta el uso de los aparatos electrónicos, pero soy incapaz de dejarlos.
Comentarios
Publicar un comentario